Afane cultural

Ayer, mientras escribía la entrada anterior sobre Matos Rodríguez, buscaba algunos datos por allí, en diversos sitios web, y a veces daba con alguno que lograba nublar mi natural buen humor.
Por alguna razón, hay quienes quieren reescribir la historia a su medida y conveniencia, aún contra toda evidencia razonable.
En el caso de La cumparsita, ya comenté antes que pese a que se menciona como autor a Matos Rodríguez, y que se sabe que esta persona fue uruguayo, igualmente se cuestiona la nacionalidad de su obra, una ridiculez.
Esto me recordó a un episodio ocurrido durante el viaje de Arquitectura, en Nepal.
Allí me llamó la atención la insistencia de los guías al repetir una y otra vez, durante las visitas, que las pagodas, eran originarias de su país.
Y lo son, surgieron como estilo en Patán, en el valle de Katmandú, en Nepal, y de allí se extendieron hasta China, donde los chinos y su larga hegemonía en Asia, esparcieron ese estilo por todo Oriente.
Sin embargo cuando vemos una pagoda, jamás pensamos en Nepal, pensamos en China, o Japón.
De allí el afán reivindicativo de los nepalíes, que siendo un país chico, sienten que su patrimonio cultural es atribuído a países más grandes.
Hay hasta una cadena de restaurantes chinos, que llevan por nombre Pagoda; los pobres nepalíes están en el horno.
Por aquí, en Uruguay nos pasa algo parecido.
Muchas veces se trata de cosas pequeñas, que hacen a la vida cotidiana, y forman parte de nuestra identidad.
Escuchar que en realidad son "invento extranjero", no cae bien.
El caso del más famoso de los tangos es particularmente molesto cuando se usa simbólicamente como ícono de otro país al que no pertenece.
Pero hay otros.
Hace 5 o 6 años por ejemplo, Argentina manifestó su intención de declarar como propios nada menos que el asado, las empanadas, y el dulce de leche.
Uruguay presentó ante Unesco la moción de que fueran considerados patrimonio gastronómico del Río de la Plata, y no exclusivo de un sólo país.
No se trata de una mera cuestión de exactitud histórica, orgullo o justicia.
Esas cosas son importantes, pero también hay otras.
Por ejemplo, el de la "denominación de origen".
De asumir como propio un producto, sólo hay un paso a reclamar como exclusivo el derecho a usar el nombre comercialmente.
Son famosos los casos del champagne, por ejemplo, o el oporto, por mencionar un par.
No está permitido utilizar esa denominación comercialmente fuera de sus zonas de origen.
Otros ejemplos de apropiación cultural de nuestros vecinos son el tango o Gardel, tema sobre el que sería ocioso ponerse a discutir ahora, y hasta el mate.
Pero no somos las únicas víctimas, aunque por proximidad y tamaño estamos más expuestos que otros países.
Basta una búsqueda de 5 minutos para encontrarse con que argumentan que la birome es argentina, aunque fue patentada por un húngaro de nombre Biro en Europa, y en una búsqueda más extensa pueden encontrarse quienes desde la vecina orilla reclaman como propias desde la invención del helicóptero hasta la del colectivo y en algún caso ya casi enfermizo, hasta el fútbol.
Hay un artículo interesante, sobre todo por estar escrito por un argentino, sobre este afán de apropiación, a veces cómico, a veces indignante.
Vale la pena leerlo, y puede hacerse aquí.
De todas formas los argentinos no son los únicos, son los que más sufrimos nosotros por tenerles al lado, pero hay otros, si no pregúntenle a los nepalíes.










1 comentarios:
Seguro los argentinos tienen algún ascendiente chino!
Qué afán de querer apropiarse de todo, de avasallar a los demás... no en vano no los quieren en ningún lado (del mundo).
Besos Sr Skyzo!
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