jueves 25 de junio de 2009

Ofrenda

Salí hoy a media mañana a caminar.
Pese a que me cuidé de hacerlo abrigado, y por un recorrido en donde hubiera sol, aún así no logré entrar en calor, y quitarme el frío de las rodillas hacia abajo en más de una hora de caminata.
Aunque bajé hasta la rambla, luego de unas cuadras decidí improvisar un recorrido más protegido del escaso viento, aunque suficiente para resultar molesto al sumarse a la baja temperatura.

Dando vueltas, buscando calles tranquilas, pasé por el zoo, donde convergen en una de sus esquinas 3 calles, y no 2 como es habitual.
Algo allí llamó mi atención ya desde cierta distancia, había una botella en medio de la calle, bien en el cruce.
Al acercarme más, pude ver que la botella, que estaba parada, era de whisky Dunbar, estaba abierta, no completamente vacía, y con el tapón a un costado.
El tránsito es muy escaso en esta época, pero evidentemente los pocos coches que hubieran pasado, habían esquivado aquella botella y los objetos que la rodeaban.
Un ramo de rosas rojas estaba tirado a un lado de la botella, y en bastante buen estado, por lo que posiblemente se encontraban allí desde hacía pocas horas.
También un pequeño frasco, ese vacío, que por la forma supuse sería de perfume, y 4 ó 5 velas rojas, todas de unos 10 centímetros, apagadas, y tiradas aunque de manera bastante prolija, junto a los tallos de las rosas.

No soy muy experto en esas cosas, pero no se precisaba ser Einstein para deducir que se trataba de alguna especie de ofrenda, o ritual umbandista.
Por fortuna consistía en objetos bastante más agradables que otras que alguna vez ví, donde habían gallinas muertas, y sustancias y objetos de aspecto poco prometedor.

Aunque no soy creyente, las veces que dí con cosas así en el pasado me provocaron cierta intranquilidad, pero en este caso no.
Imaginé que se trataba de algo hecho con buenas intenciones, procurando atraer a alguna persona, o pidiendo algo, pero bueno, quizás me equivoque.
De todas formas no tenía intenciones de interferir en los objetivos de quien había dejado aquello allí, sean cuales fueren, y seguí mi camino sin más que darle una mirada curiosa desde una distancia prudencial.