miércoles 6 de enero de 2010

Una musiquita

Costó que lograra dormirme anoche.
Estaba demasiado acalorado, el ventilador no resultaba suficiente para salvarme de la molestia de las sábanas arrugadas pegándose al cuerpo.
Para colmo de males estaba molesto luego de que me diera con el ojo abierto contra una rama en la tarde, lo que me dejó lagrimeando sin parar, con el ojo rojo, dolorido, sin saber si molestaba menos abierto o cerrado.
Entre levantadas a abrir ventanas, encendidas y apagadas de TV, idas buscar agua a la heladera, y al baño a echarme gotitas para la vista, mi humor alcanzó unas cotas de neurosis fenomenales, que más difícil hacían encarar el asunto de simplemente dormirme y acabar con todo el fastidio.

En buena hora decidí probar suerte apagando todas las luces y encendiendo la radio, en busca de la compañía del programa de Dolina.
Luego de un par de avisos que casi hicieron que apagara también la radio, comenzó a sonar una canción desconocida.
En primera instancia pensé que se trataba de algún español, la forma de cantar tenía tantas referencias a Serrat que pensé en algún posible admirador del catalán, aunque era claro que no se trataba de Ismael Serrano.
Luego la letra de la canción hizo obvio su origen rioplatense, y una vez terminada vine a enterarme que se trataba de "La ronda del ángel", interpretada por el grupo La Surca, del que no tenía referencia alguna hasta anoche.

Hoy me levanté con el tema en la cabeza, y tal cual es mi costumbre, comencé a buscarlo para volver a escucharlo.
Aunque más no sea por agradecimiento decidí postear algo sobre ellos, que anoche me salvaron de las garras del malhumor.
Dicen que la música amansa a las fieras, y en mi caso es así, lo he comprobado. Claro, también puede arruinármelo de manera casi irremediable si se trata de música que no soporte, pero anoche quiso la suerte que no fuera así.
Y como quizás algún insomne malhumorado pueda llegar hasta estos lares por azar, le dejo una musiquita que quizás le ayude como a mí, a calmar los nervios, cerrar los ojos, escuchar, y disfrutar la noche.





La ronda del ángel

Cada medianoche sale del encierro
con la vena hinchada de tanto veneno
y ojos en el alma, pa cazar al vuelo,
todo lo que calla el corazón.

Mientras la barriada come en “El Obrero”,
con su lanzallamas de inflamar los sueños
llega hasta la esquina de Quiero y No Puedo,
al paso tan lento del amor.

Cada medianoche ronda en el silencio
por si a Buenos Aires salen a cantarle la canción del miedo
y trepando el aire pinta con su aliento
“la distancia a Marte ni es la cuarta parte de lo que te quiero”.

Cuando el sol renace, maquillando el cielo,
va hasta el bar del Chino galopando sobre torbellinos negros,
y sin más poesía que empezar de nuevo,
vuelve por el río para oír los trinos del violín de Becho.

Por esa manía de angel cabulero
baila con la parca, cruzando los dedos,
y la va arrimando cerca del brasero
donde se cocina la traición.

De su vida guarda sólo un par de sueños,
ver los olivares que sembró el abuelo,
y dejar la farsa de jugar al muerto
cuando lo que sobra es ilusión.

Cada medianoche ronda en el silencio
por si a Buenos Aires salen a cantarle la canción del miedo
y trepando el aire pinta con su aliento
“la distancia a Marte ni es la cuarta parte de lo que te quiero”.

Cuando el sol renace, maquillando el cielo,
va hasta el bar del Chino galopando sobre torbellinos negros,
y sin más poesía que empezar de nuevo,
vuelve por el río para oír los trinos del violín de Becho.

La Surca