martes 26 de enero de 2010

I'm yours

El día no empezó del todo bien, pero en el correo me esperaba "una musiquita", según rezaba el asunto del email, para alegrarme la mañana; Jason Mraz, I'm yours.

L' Appuntamento

Me desperté temprano con un poco de dolor de cabeza, provocado quizás por el penetrante olor a tabaco con chocolate de su pipa.
Casi sentí aquella voz grave que salía por debajo de su bigote como si estuviera aquí, del otro lado de la puerta.
Cuando abrí los ojos estaba en el sitio equivocado, no había una biblioteca que cubríera de piso a techo las paredes de mi dormitorio, y mi hermano no dormía en la cama de al lado.
No había pisos de parqué encerados, apenas las frías baldosas de mi casa, y desde la ventana no se veía el mar a lo lejos.

Pero aún así casi creí ver aquellos sillones verdes del living, y la terraza con las plantas de mi madre, por entre las cortinas venecianas a medio cerrar, la mesa del comedor y en la pared aquel cuadro donde se veía unas mesas en la calle de una quizás nocturna París.

No estaba la cómoda de mi vieja, con el espejo, las bailarinas españolas, los chinitos de madera y la muñeca rusa, ni mi tonel de juguetes, ni el dibujo de los caballos del corredor.

No estaba por allí el Zippo, los paquetes de tabaco, los cigarrillos ni las pipas que tanto me gustaban
No estaba mi viejo en uno de aquellos sillones verdes, con el pelo canoso y el bigote negro escuchando música italiana en el tocadiscos que descansaba sobre el aparador, a la derecha del teléfono y las dos garzas de madera. No estaba, aunque desperté creyendo que sí.
Pero no, no estaba tampoco hoy...

viernes 8 de enero de 2010

La muerte en Samarra

El criado llega aterrorizado a casa de su amo.
-Señor -dice- he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho una señal de amenaza.

El amo le da un caballo y dinero, y le dice:

-Huye a Samarra.

El criado huye.
Esa tarde, temprano, el señor se encuentra la Muerte en el mercado.

-Esta mañana le hiciste a mi criado una señal de amenaza -dice.

-No era de amenaza -responde la Muerte- sino de sorpresa. Porque lo veía ahí, tan lejos de Samarra, y esta misma tarde tengo que recogerlo allá.

Gabriel García Márquez

miércoles 6 de enero de 2010

Una musiquita

Costó que lograra dormirme anoche.
Estaba demasiado acalorado, el ventilador no resultaba suficiente para salvarme de la molestia de las sábanas arrugadas pegándose al cuerpo.
Para colmo de males estaba molesto luego de que me diera con el ojo abierto contra una rama en la tarde, lo que me dejó lagrimeando sin parar, con el ojo rojo, dolorido, sin saber si molestaba menos abierto o cerrado.
Entre levantadas a abrir ventanas, encendidas y apagadas de TV, idas buscar agua a la heladera, y al baño a echarme gotitas para la vista, mi humor alcanzó unas cotas de neurosis fenomenales, que más difícil hacían encarar el asunto de simplemente dormirme y acabar con todo el fastidio.

En buena hora decidí probar suerte apagando todas las luces y encendiendo la radio, en busca de la compañía del programa de Dolina.
Luego de un par de avisos que casi hicieron que apagara también la radio, comenzó a sonar una canción desconocida.
En primera instancia pensé que se trataba de algún español, la forma de cantar tenía tantas referencias a Serrat que pensé en algún posible admirador del catalán, aunque era claro que no se trataba de Ismael Serrano.
Luego la letra de la canción hizo obvio su origen rioplatense, y una vez terminada vine a enterarme que se trataba de "La ronda del ángel", interpretada por el grupo La Surca, del que no tenía referencia alguna hasta anoche.

Hoy me levanté con el tema en la cabeza, y tal cual es mi costumbre, comencé a buscarlo para volver a escucharlo.
Aunque más no sea por agradecimiento decidí postear algo sobre ellos, que anoche me salvaron de las garras del malhumor.
Dicen que la música amansa a las fieras, y en mi caso es así, lo he comprobado. Claro, también puede arruinármelo de manera casi irremediable si se trata de música que no soporte, pero anoche quiso la suerte que no fuera así.
Y como quizás algún insomne malhumorado pueda llegar hasta estos lares por azar, le dejo una musiquita que quizás le ayude como a mí, a calmar los nervios, cerrar los ojos, escuchar, y disfrutar la noche.





La ronda del ángel

Cada medianoche sale del encierro
con la vena hinchada de tanto veneno
y ojos en el alma, pa cazar al vuelo,
todo lo que calla el corazón.

Mientras la barriada come en “El Obrero”,
con su lanzallamas de inflamar los sueños
llega hasta la esquina de Quiero y No Puedo,
al paso tan lento del amor.

Cada medianoche ronda en el silencio
por si a Buenos Aires salen a cantarle la canción del miedo
y trepando el aire pinta con su aliento
“la distancia a Marte ni es la cuarta parte de lo que te quiero”.

Cuando el sol renace, maquillando el cielo,
va hasta el bar del Chino galopando sobre torbellinos negros,
y sin más poesía que empezar de nuevo,
vuelve por el río para oír los trinos del violín de Becho.

Por esa manía de angel cabulero
baila con la parca, cruzando los dedos,
y la va arrimando cerca del brasero
donde se cocina la traición.

De su vida guarda sólo un par de sueños,
ver los olivares que sembró el abuelo,
y dejar la farsa de jugar al muerto
cuando lo que sobra es ilusión.

Cada medianoche ronda en el silencio
por si a Buenos Aires salen a cantarle la canción del miedo
y trepando el aire pinta con su aliento
“la distancia a Marte ni es la cuarta parte de lo que te quiero”.

Cuando el sol renace, maquillando el cielo,
va hasta el bar del Chino galopando sobre torbellinos negros,
y sin más poesía que empezar de nuevo,
vuelve por el río para oír los trinos del violín de Becho.

La Surca

martes 5 de enero de 2010

Enderezando curvas

Pisó el acelerador y siguió y siguió, derechito.
No importó demasiado que el balneario esté lleno de gente, ni que en época de las fiestas los accidentes aumentan porque algunos van pasados de alcohol.
No importó que llegaba a un cruce importante, frenar no era parte de los planes.
Ni siquiera el hecho de que hubiera una gran rotonda le hizo tomar alguna medida, de hecho ni se enteró que había una rotonda.
Por esa razón en la madrugada del lunes el conductor del pobre Audi de la foto debe haber regresado a casa a pie.

Según parece gracias a los airbags del vehículo, no hubo víctimas que lamentar, aunque viendo la nula capacidad de reacción del conductor, es una suerte que no pasara nadie caminando por allí.

El lunes el coche amaneció allí, solo sobre el césped, en medio de la rotonda de Roosevelt y Bulevar, esperando que su poco cuidadoso dueño venga a hacerse cargo de lo que queda de él.
Un arreglo que seguramente saldrá poca plata.

viernes 1 de enero de 2010

2010

2010