viernes 26 de marzo de 2010

Asesino

Desde hace varios meses la heladera de casa hacía un ruido bastante molesto, por momentos desquiciante.
Si bien con el tiempo uno se va acostumbrando algunos días el fastidio provocado era importante, por lo que allá por la época de las fiestas decidí ponerme a la búsqueda de alguien en Atlántida que se dedicara a la reparación de heladeras.

Finalmente me recomendaron a un sujeto que quedó en pasar por casa a revisar el artefacto y darme un presupuesto.
Al llegar, muy apurado y con aires de importante se paró frente a la heladera y me dijo que obviamente el problema era que estaba sin aceite.
"A veces pasa que el aceite se congela y no llega al motor", cosa que puede acabar por fundirlo según dijo.
"Como hay que abrir el motor para ponerle aceite se va a perder el gas", por lo que habría que volver a ponérselo.
En resumen, aceite, gas ecológico, y la mano de obra redondeaban los docientos dólares, y eso porque me hacía precio.
Yo que de heladeras sé lo básico (meter y sacar cosas, sobre todo sacar), quedé espantado por el precio tan elevado de la reparación.
Cuando se iba me dijo que me apurara a decidirme porque si seguía funcionando sin aceite me quedaría sin heladera.

La época de las fiestas siempre aumenta los gastos, por lo que decidí correr el riesgo de esperar algún tiempo para hacer ese gasto.

Ayer resolví volver a llamar a alguien para solucionar de una buena vez ese tema, y hoy cayó un flaco, uno diferente al anterior para tener una segunda opinión.
El tipo entró, miró la heladera, la corrió unos 10 cm. metió un dedo índice en el motor y la heladera calló por primera vez en meses.
"Sí, sí, tiene una piecita floja que toca contra un tubito y vibra, a ver...".
En 2 minutos el tipo estaba saliendo, sin haber querido cobrar ni un peso, y dejando la heladera reparada.

Hoy reina el silencio en casa, del ruido de la heladera, sólo el recuerdo.
Aprovecho la paz para escribir este post, mientras busco entre mis conocidos a alguno que conozca un sicario más o menos económico, que por 200 dólares libre al balneario de aquel sujeto que dice ser reparador de heladeras, antes que siga estafando incautos.


Ya que hay silencio, viene a cuento poner una musiquita de fondo.
Y qué mejor que elegir una canción que tenga algo que ver con el tema de hoy.
Así que aquí está, una cancioncita de Mano Negra que viene al caso, "Le bruit du frigo".

lunes 15 de marzo de 2010

78

Feliz Cumpleaños!

Como sé que desde que conociste a Sabina te encanta, te pongo una cancioncita de él.
Difícil elegir una cuando tiene tantas, la cosa tendrá que ser al azar, o casi...
Un beso grande, sé que siempre estás por acá por donde yo ande.
Nada más, sólo quería decirte que no me olvido, te quiero.


jueves 11 de marzo de 2010

Uno, dos, ultraviolento

A la hora de hacer carretera nada como un buen rock&roll.
En este caso, y como el título lo delata, se trata del clásico de la banda argentina de los ochentas, Los Violadores.
Pero la versión es de un grupazo alemán muy conocido, llamado Die Toten Hosen, que han realizado innumerables covers de cásicos del punk además de tener obviamente muchos y muy buenos temas propios.
Pese a los problemas lógicos de pronunciación del vocalista, Campino, la versión es posiblemente mejor que la original, pura polenta desde el arranque mismo, al son de los acordes de la Novena de Beethoven.
Debe haber estado bueno estar allí, un descontrol.
Bueno, basta de cháchara y a saltar.

martes 9 de marzo de 2010

Una papita

Desde hace algunos meses me intriga uno de esos temas absolutamente intrascendentes.
En Tienda Inglesa el paquete de papitas Lay's de 400 gramos sale menos que el de 270 gramos.

Es bastante normal aquello de que si una unidad sale 10 te vendan 2 por 15, por ejemplo.
Pero lo que no parece demasiado conveniente para el comerciante es que si 270g cuestan $90, 400g cuesten $86 cuando se trata de exactamente el mismo producto.

Habría que pararse en la puerta a ver si alguien sale con el paquete más chico y más caro para preguntarle qué oscuros móviles le llevaron a realizar una transacción tan poco ventajosa.

Bueno, eso era todo, sigo en lo mío, resolviendo los problemas del mundo.