En pocas semanas más tendremos elecciones municipales, por eso empiezan a salir tipos de abajo de las piedras prometiendo el oro y el moro, como siempre.
Aquí en Atlántida la Intendencia ha emprendido una fuerte ofensiva para ganar las elecciones.
Prueba de ello es que desde mediados de Semana Santa no hay recolección de residuos, lo que resulta en un escenario hermoso, donde las bolsas de nylon rotas vuelan por los jardines, y el balneario que pretende ser el segundo de Uruguay se hermosea con bolsitas de leche, envoltorios de galletitas, pañales usados y restos de comida en descomposición en armoniosa interacción con la naturaleza.
Esto naturalmente provoca que los vecinos nos sintamos felices de vivir y pasear entre mugre, con nuestros cuidados jardines repletos de residuos que el viento pasea de aquí para allá.
Yo por ejemplo, estoy feliz, me encanta tener la basura de mis vecinos arrastrada por el viento hacia mi jardín.
Caminar por las calles llenas de pozos, atestadas de bolsas rotas, que dejaron al marcharse los turistas, me inspira, me invita a escribir algún poema de amor, con la mente fija en el Intendente que quiere ser reelecto, en su familia y sus antepasados.
Voy a ver si sale algún poema, a buscar las palabras adecuadas que permitan describir la felicidad que me invade.
Capaz que se arrima algún vecino y componemos algo a dúo, quién te dice...
